A ti, Piscis

Los Piscis somos el último signo del zodiaco y por tanto los que cargamos con un poco de cada uno de los anteriores. Se dice que los peces son almas viejas, espíritus sabios.

Al ser el último en la rueda, nuestra condena es el cierre, el final. Estar los último sin que los de delante nos vean. Sin nadie que nos respalde en esta cadena, los Piscis podemos tener una vaga pero pertinente sensación de abandono, quizás de inseguridad. Hay detrás algo vasto, un poco oscuro, y persiste esa inquietud de “volver la cabeza” por si acaso.

Nuestra naturaleza proviene del agua, elemento mutable, salvaje, escurridizo. Somos un confluir constante de corrientes contradictorias. Por eso somos tan insondables como los océanos. Nuestro mar de emociones y sentimientos es tan inalcanzable que jamás se llega a conocer del todo el mundo interior del pez. Igual que el agua viaja libre y es más preciosa cuanto menos confinada en un recipiente esté, lo mismo pasa con el pez, sufrimos una clara claustrofobia cuando nos vemos obligados a estar en un mismo lugar por mucho tiempo.

Mejor en lugares donde se respire arte, poesía, espectáculo, teatro, música, cine… Huyendo de la peste rancia de la burocracia, la política y los protocolos. Cuanto más creativo y artístico, más ocioso y esotérico sea el ambiente, más peces estaremos reunidos.

Nuestra profunda empatía y extrema sensibilidad nos hace muy permeables a las energías que nos rodean, por eso muchas veces nos pesa la sola existencia.

El pez es mucho drama, mucha intensidad, todo un poco enrevesado, quizá complicado… pero es simplemente la naturaleza misma saliendo hacia fuera, intentando mantener un orden que nunca aparece.

Pero también es mucha ternura, mucha dulzura, muchos cuidados a los demás. Simpatía y sociabilidad a raudales.

Algo de oscuridad, la cual puede ser muy profunda. Necesitamos hundirnos hasta el fondo para poder coger impulso de nuevo y resurgir hacia la superficie. Y siempre lo hacemos.

La conexión entre los piscis es fuerte y vibrante. Sus almas se reconocen al instante. Conectan. Y suelen saltar unas poquitas chispas. Quizás se habían cruzado en vidas anteriores… yo sé que con algunos de los que he conocido sí. Aunque al principio no sepamos de qué se trata, tarde o temprano sale el tema: ah, vale, que también eres Piscis… entonces lo entendemos.

Los dos peces enfrentados de Piscis no son la dualidad hacia caminos opuestos. No estamos desgarrados por la dualidad de nuestros deseos, qué va. Los dos peces enfrentado en direcciones opuestas son el recordatorio de que podemos elegir nadar hacia arriba… o nadar hacia abajo y jamás alcanzar nuestras metas.

Ambas opciones son válidas, pero los que decidan nadar hacia abajo, con la corriente, no creo que lleguen a experimentar toda satisfacción que pueden alcanzar en su vida. No creo que puedan llegar a desplegar todo su potencial… se dejarán llevar y podrán encontrar un hueco por ahí… pero, ¡ay! los que decidan nadar hacia arriba… ellos sí sabrán lo que es ser un verdadero buscador. Un alma completa.

Una persona muy especial me dijo una vez: nosotros somos salmones. Estamos destinados a vivir remontando siempre la corriente, a no parar de nadar hacia arriba. Y aunque haya osos que intenten comernos en el camino, no tenemos otra opción. 

Esas palabras permanecen a día de hoy en mi corazón y cuando me acuerdo de ellas, resuenan aquí dentro y sonrío fuerte. Porque ¡eh! Yo soy un salmón que no parará de nadar hacia arriba. Y estoy muy orgullosa de ello.

*Y qué casualidad que terminando de escribir esto me entero de que hoy es el día mundial del agua… está claro que sigo sin creer en las casualidades

 

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Flores de Bach: el cuento del Álamo

Frente a la casa en la que crecí había dos álamos.

Me gustaba mirarlos desde la ventana. Me daban calma y seguridad, cosa que a veces me sorprendía, ya que sus ramas se enredaban de forma bastante terrorífica y cuando soplaba el viento, se retorcían misteriosamente, dejando volar la imaginación de manera descontrolada. Seguir leyendo “Flores de Bach: el cuento del Álamo”