El día que entendí que Yo no era yo

En mi imparable búsqueda de la verdad, estoy aprendiendo muchas cosas. A veces pueden resultar confusas, abrumadoras e incluso sobrecogedoras. A veces, algunas me dan un poco de miedo porque enfrentarlas es duro y difícil aunque la recompensa lo valga. Supongo que es el precio que hay que pagar por ir detrás de algo tan grande.

Lo bello de buscar esa Verdad, es que cada ser humano decide si persigue la suya y es tan válido y respetable un camino como el otro. Además al fina, la Verdad es para cada uno distinta y única y no es necesario discutirla con nadie ya que todas son perfectas en sí mismas. Aquí reside la belleza de esta paradoja.

En cuanto a mi búsqueda personal de esa Verdad, me he dado cuenta de algo que puede resultar inquietante, pero que es muy necesario reconocer si queremos seguir evolucionando. Y es que en realidad nosotros no somos seres humanos. Bueno, sí lo somos en este momento y en este lugar, pero lo que es “ser humanos” como tal, es solamente una condición transitoria. Por lo tanto no lo somos, al menos en el verdadero sentido de la palabra “Ser” y lo que esta implica. Lo que yo creo es que todos y cada uno de nosotros somos simplemente energía pura.

Somos luz. Somos una energía en constante e infuniverseinita transformación.

Una transformación consta de varias fases y la que nuestra energía está viviendo ahora mismo es la de “ser humano”. Para vivir esta fase se nos dota de un cuerpo y un aspecto, pero nada de esto es tuyo, todo es prestado. Tu cuerpo no te pertenece, no lo posees, tu solo albergas en él. Lo increíble de que te regalen este cuerpo es que te permite moverte, comer, pensar, hacer, sentir… ¡por eso hay que cuidarlo para poder disfrutarlo! Pero nuestro verdadero “Yo” es lo que llamamos esencia o espíritu y está dentro de cada uno. Por lo tanto nosotros no somos lo que creemos ser ni lo que nos han enseñado que somos. No somos este cuerpo, ni esta mente. Somos el espíritu energético que sucede en el interior.

Eso que se dice de “escucha a tu corazón”, es en realidad una llamada a escuchar a tu verdadero SER. Tu verdadero SER puede guiarte en esta parte del camino y en todas las que vengan. Él sabe siempre cómo y dónde guiarte, pero hay que aprender a escucharlo. Por eso la meditación es tan necesaria y efectiva, porque nos conecta con esa esencia que es nuestra energía, es decir, nosotros mismos, sin cuerpos ni mentes de por medio.

Como elementos energéticos en transformación, debemos venir de otras fases y posteriormente pasaremos a las siguientes. Yo no tengo ni idea dónde venimos o a dónde iremos después, lo que sé, o más bien siento, ya que como he dicho antes la Verdad de cada uno es única, es que hemos venido a lo que conocemos como Vida para realizar una Misión. Puede ser un aprendizaje, una redención, un asunto sin concluir… misiones hay tantas como almas en el mundo. Eso sí, creo que hay que llevarla a cabo para pasar a la siguiente fase.

Pero, ¿qué pasa si además de cumplirla, conseguimos conectar con nuestra misión?

Igual que la verdad de cada uno, la misión es individual y del mismo modo cada cual decide si prestarle atención a esta necesidad de conectar con la suya o si prefiere no detenerse a observar y vivir sin preguntarse. De las dos maneras su misión estará siendo cumplida, porque el Universo no juzga nuestro nivel de atención y consciencia, simplemente nos guía en nuestro camino, independientemente de nuestra actitud. Lo que pasa es que si uno conecta con su misión, tendrá la certeza de estar entendiéndolo Todo. El que ha sentido esos destellos de “lo entiendo” sabe de lo que hablo.

 

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En mi caso, desde que empecé a vivir atenta hará ya más de un año, todo fue diferente. Esta necesidad de atención ya me venía un poco de serie, simplemente la llevé a otro nivel. Me sentía conectada con el Universo y con mi esencia. Sin embargo, llevo unos meses un poco desconectada de esta vibración, pues cada uno tenemos nuestros momentos… Es por eso no me apetecía que mi cumpleaños llegara ahora mismo, que no tengo la energía muy alta. Pero como nada sucede de forma casual y parece que me estoy negando a ver algo tan evidente, me han regalado un día como hoy, para que siga creyendo en la armonía que reina. Para que siga sintiendo esa Verdad de que somos destellos de energía en perfecto equilibrio para que todo se sostenga. Que somos luz y que ninguno de nuestros brillos puede existir sin los demás.

Hoy he vivido encuentros preciosos con gente maravillosa a la que ni siquiera conocía. Me he juntado con mi familia y las personas a las que quiero para compartir. Me han hecho regalos inesperados, incluso sin saber que era mi cumpleaños. Hoy he aprendido un poco más y siento que he dado un paso más en mi camino. Como siempre, gracias.

A veces, cuando estamos en momentos raros, que no son más que eso, raros o más incómodos quizás de lo que estamos acostumbrados, perdemos la fe, el sentido, el norte o como queramos llamarlo. Pero hay que seguir confiando en que nada es casual y que estamos viviendo el proceso necesario para con nuestra misión.

En un día como hoy, no tengo ninguna duda de que el Universo me está enviando señales para decirme claramente: ¡Confía! Así que le voy a hacer caso.

Lo precioso de prestar atención y de vivir desde la consciencia es que puedes ser testigo de la magia del Universo desplegándose ante tus ojos a cada instante.

Tú decides si Caminas Distinto.

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